ROMINA CASTIÑEIRA – INSTALACIÓN Y VIDEO

ROMINA CASTIÑEIRA

ESPACIO – VACÍO 

La idea de la obra “espacio – vacío” surgió en un momento caracterizado por una crisis personal. Esta crisis implicaba la dificultad para planificar mi futuro como artista profesional y elaborar otro tipo de proyectos personales. La incertidumbre signaba mis acciones y comencé a sentir que las cosas eran efímeras y fugaces. Todo lo que acontecía, rápidamente desaparecía. El tiempo se volvió así una preocupación recurrente en mis reflexiones.

Durante ese período tuve una visión cargada de una intensa emotividad: visualicé algo que podía interpretar como el vacío. No lograba formularlo racionalmente, era a la vez un hastío y un desasosiego. Creo haber vivido en ese momento la experiencia del ensueño poético de la que con tanta claridad habla Gastón Bachelard:

El ensueño es por sí solo una instancia psíquica que se confunde demasiado frecuentemente con el sueño. Pero cuando se trata de un ensueño poético, se sabe muy bien que no estamos en la pendiente de las somnolencias. El espíritu puede conocer un relajamiento, pero en el ensueño poético el alma vela, sin tensión, descansada y activa.”

 © Romina Castiñeira. Espacio - vacío. Detalle. año 2012

La captura de una existencia

Solemos pensar el caos como un gran desorden que se extiende a través de toda nuestra existencia. Sin embargo la cosmogonía griega lo entendió como “aquello que existe con anterioridad al resto de los dioses y las fuerzas elementales”, es decir, el estado primigenio del cosmos infinito. Ese resquicio de existencia entre el mundo terrestre y el mundo celeste nos devuelve a cierto lugar, nos ofrece un nuevo relato, la oportunidad primera y la prueba fehaciente de que algo siempre aguarda por nosotros.

El espacio-vacío de Romina Castiñeira es fundamentalmente una experiencia. En primer lugar la suya, como artista que piensa y replantea la vacuidad insoportable donde se vuelve a fundar cada momento y, posteriormente, la nuestra, como sujetos indefectiblemente expuestos a lo que sucede, pero sobre todo a lo que no sucede más. La pregunta sería ¿quién está dispuesto a esperar que algo terrible vuelva a suceder?

Pienso el proceso de esta obra como la voluntad de encerrar en el espacio un existente que, ante nosotros, se niega eternamente, sin embargo debe ser encendido, iluminado, alimentado y sostenido. Estas condiciones son el ser de su obra, representan el margen sutil entre lo que es y lo que no es más, aquello que no cesa en desaparecer. La pérdida es nuestra única certeza pero estoy convencido que la experiencia del vacío debe resultar inexorablemente en la irrupción del saber.

Otro fundamento de la obra es el tiempo. Somos testigos de un ciclo de existencia que sostiene un ideal, un estado deseado, un comienzo vital. Accedemos por un instante a la clara esperanza de sobrevivir, de formar parte de una maquinaria que avanza y persiste. Advertimos tímidamente un estado muy parecido a la felicidad. Gozamos durante un instante, durante un ciclo. Quienes confíen en el tiempo podrán sostener ese encuentro con la luz, con el oxígeno, con la claridad y el sonido. Confío en que también puedan sostener ese encuentro cuando todos esos elementos desaparezcan y se ponga en funcionamiento la lenta maquinaria del olvido.

Ese resquicio nos atraviesa a todos.

Hay otra oportunidad.

La máquina nos ofrece otra oportunidad. Nos ofrece la oportunidad de confiar, de sostener nuestro deseo en un mecanismo matemático que cuenta segundos, minutos y horas. Experimentamos la perfección siendo imperfectos y de ese encuentro deducimos que todo puede fallar, somos parte de un sistema probo y sin memoria, sabiendo que, en algún punto del trayecto, vamos a detenernos, porque nosotros sí tenemos recuerdos y estos no hacen más que alterar el perfecto silencio de los números.

El mecanismo puesto en funcionamiento por Romina Castiñeira tiene carácter de advertencia. Todos los resultados son correctos y el destino es siempre un lugar extrañamente conocido. El golpe es la repetición, encerrada, iluminada, devuelta a la vida, respirando lentamente. El golpe mortífero de la repetición desencadena la distancia de nosotros mismos. No volveremos a habitar el mismo lugar y nuestra identidad será  abandonada por el sentido. La evidencia de la repetición es lo que nos molesta al respirar.

Pablo Mrakovich

BIO ROMINA CASTIÑEIRA

Romina Castiñeira nació en Córdoba en 1985. Es Licenciada en Escultura por la UNC. Desde 2007 ha desempeñado su labor profesional en el campo de la curaduría, la producción y gestión de proyectos artísticos. Ha colaborado en instituciones artísticas de nuestra ciudad como Artis Galería de arte, CEF y el CCEC.

Ha participado de distintas muestras colectivas e individuales en Córdoba. Recibió Mención Especial por el proyecto colectivo  “8 ciudades”. Concurso de proyectos expositivos “Premio ARTE AFUERA!”

© Romina Castiñeira. Espacio - vacío. Inflando. año 2012

MÁS INFO: Web

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