LEONARDO PELLEGRINI

Interludio”

La práctica como reflexión

La obra de Pellegrini insiste en una práctica meticulosa que resiste el oficio de la pintura, sus fuentes de inspiración son justamente aquellos medios o formatos que inevitablemente nos han alejado de ella.

Reflexionando respecto a la pintura como una necesidad vital o como mero superviviente de otra era, su persistencia en un mundo que voraginosamente nos aleja de ella nos devela (a través de sus propias grietas y fallas tecnológicas) los posibles mecanismos de supervivencia.

Sobrevivir a la pintura y reflexionar sobre ella es sobrevivir al hombre en su intento por retomar el control sobre la tecnología; y es postergar el tiempo de inevitable aceptación del contexto como algo irremediable.

Es extraño que habitemos un mundo artificialmente creado por el hombre y que no nos detengamos a pensar los mecanismos que construyen esta realidad. De alguna manera la tecnología cobra vida propia y no somos capaces de recordar que fue la misma mano que pinta, la que genero una actualidad donde la imagen telemática y digital se han naturalizado.

Esta insistencia no es más que el anhelo de alargar el minuto entre la desaparición del hombre como especie conocida y la aparición de un paisaje desconocido donde la práctica del pincel represente una incógnita indescifrable y nuestros restos sean arqueología de un pasado inentendible.

La práctica como reflexión implica un pensamiento sobre este interludio entre un estado y otro, espacio de tiempo que estamos transitando de diversas maneras como especie y que aquí se plantea desde la mano obsesiva y minuciosa que repite y reproduce la imagen desde sus elementos básicos constitutivos.

La imagen de la televisión se conforma por una serie de composiciones que se van transformando a partir de la irradiación continua de rayos de tubos catódicos, la imagen de la computadora se visualiza a partir de información binaria que en sus múltiples posibilidades de combinación generan todo tipo de archivos audiovisuales. Ambos sistemas forman lo que comprendemos o percibimos como imagen construida a partir de una serie de unidades mínimas de luz que van conformando las realidades visuales/virtuales que habitamos cotidianamente.

Pensar lo que hemos adquirido como hábito y reflexionar desde otro lugar sobre esta rutina: mirar la tele, prender la compu, caminar por la calle mirando sin completar la imagen, instalándonos en el detalle y construyendo el panorama desde la repetición del pixel reventado, del tubo titilante desgastado. Reflexionar sobre el acto de vivir entre imágenes, pensar de que están hechas, cuales son sus debilidades y sus fallas; como se van armando y desde allí porque no… pensar como se van desarmando.

Esta reflexión se hace con el pincel, con la mano que va y viene sobre el lienzo y en el recorrido construye otra imagen que se monta en el espacio como una gran pantalla fija que entrelaza, combina y exige una convivencia estática para los entramados de luz y oscuridad.

Pellegrini repite este mecanismo de dos maneras: a través de la pintura y a través de la impresión fotográfica por medios digitales que usualmente se utilizan para publicidad empapelando espacios públicos externos al ámbito del museo. En este caso la comparación evidente entre pintura y fotografía, a partir de la repetición de una misma imagen abstracta en ambos formatos, genera una instalación que intenta poner al espectador en suspenso entre ambas posibilidades. Incluso apelando al sentido común sería inevitable pensar como ridícula la necesidad de reproducir manualmente una imagen reproduciblemente de manera digital y allí estamos, entre ambas opciones y ante la pregunta de si realmente es absurdo insistir en este punto.

A partir de fallas y errores de la tecnología audiovisual Pellegrini despliega sus obras permitiéndose la posibilidad de conformar el espacio pictórico cada vez que monta la pintura. Ya que el pixel o la irradiación de los tubos catódicos conforman la imagen a partir de un juego de combinaciones posibles, aquí se continúa esta lógica: la repetición sobre el error, escarbando las razones más profundas para justificar porque no ha sido aún posible su abandono.

El espectador queda en un paréntesis entre una y otra posibilidad del espacio que siempre se construye de la misma manera: repitiendo una unidad mínima de luz que se va combinando y reproduciendo al infinito, creando de cualquier manera una ficción que podemos creer de manera más o menos natural como parte de nuestro entorno cotidiano.

Romántico, testarudo, inútil, melancólico, obsoleto: tantos actos constitutivos del hombre hoy se encuentran en esta categoría y el devenir los arrasa, los supera, los sobrevive…la marea no se desarrolla de manera lógica y el acontecer de la tecnología sobre el hombre lo lleva a tomar diversas posiciones frente a ella.

Marcela López Sastre

LEONARDO PELLEGRINI – BIO

Nace en Salta, Argentina, el 29 de noviembre de 1969.

Actualmente vive en esa ciudad donde alterna la actividad artística con su estudio de arquitectura y su actividad docente en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad Católica de Salta.

Contacto: www.leonardopellegrini.com.

MARCELA LÓPEZ SASTRE – BIO

Curadora

Es Licenciada en Ciencias de la Información. Egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

1995 – 2000 Realiza su tesis de grado sobre “Pos fotografía, fotografía de autor en la Posmodernidad” en Córdoba.

2001 – 2002 Realiza Posgrado de la Universidad Autónoma de Barcelona e “Fotoperiodismo” en Barcelona, España.

Contacto: www.mlsfotografia.com.ar

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